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1
Enredados y asfixiados
El espíritu salvaje de la Ciénaga negra permanece indomable.

Raíces sinuosas se enredan entre nosotros, enroscándose alrededor de todas las obras de nuestro linaje. Todo se desvanece en los sonidos de la noche, una sinfonía de melodías dulces y sombrías.

Nos ahogamos en ellas como insectos en la ciénaga de aguas negras, arrastrados a las profundidades por las enredaderas. Cuánta energía desatada, que brilla como las estrellas.
2
En estas cumbres ventosas
Nos sentamos entre los riscos y las puntas de las dagas, santificados por la nieve pura, para buscar el entendimiento y recuperar la unidad que nuestra especie perdió en la niebla.

Qué tierras tan extensas y silbantes. Qué eco tan silencioso, impotente y destrozado. Nuestras mentes se han congelado, inamovibles, incapaces de razonar o mostrar compasión. Estamos divididos cual valles, bordeados por acantilados de marfil que horadan nuestros costados, retuercen nuestro ser y nos apremian a actuar.

Algunos nos alzaremos. Otros nos quedaremos. Los más ancianos serán puros, los más jóvenes se perderán y se fundirán para adoptar nuevas formas.
Ya no somos uno; somos llamas gemelas que bailan al son de diferentes melodías.
3
No compartiremos nuestro aliento contigo
Sube a la montaña más alta y asómate al borde nevado. Contempla el remolino blanco, el vacío en espiral. Al otro lado del horizonte, iluminada por la luz del sol naciente, está nuestra tierra: una puerta a las estrellas, ahora cerrada.

Escucha: aspiramos a ascender, a elevarnos, a huir para abandonar las tierras podridas de la superficie, corrompidas por las raíces y los brotes que surgen de una semilla familiar.
Anhelamos volver a la luz celestial y a la pureza de nuestra sangre cósmica.

Cualquier cosa (o persona) indómita, impura o insensata debe sobrevivir, incluso nuestras llamas más jóvenes. No te abriremos nuestras puertas.
No intentes forzarlas.
4
Antiguas heridas reabiertas
Pusimos pie en el Santuario nocturno de la humanidad, cruzamos su umbral con júbilo y ligereza, compartiendo nuestro saber y nuestras voces.

Pero cuando los brutales Drak alzaron templos sobre huesos rotos, sus ofrendas despertaron poco interés en nosotros, y apartamos la mirada.

Una farsa, un fracaso, un tropiezo del destino. Las criaturas vieron en ello un desafío, una gracia que solo podía ganarse en combate. Cuando atacaron a la humanidad para atraernos, retrocedimos... y juramos no tomar partido jamás, ni siquiera cuando apareció el Velo.
5
Que nosotros mismos nos hicimos
Dos sangres asediaron estas tierras.

Una era fría y violeta como una ciruela del añocaso, envuelta en hojas esmeralda a modo de escamas. La otra, roja y cálida como una canción compartida junto al fuego.

Un enfrentamiento condenado, nacido de nuestra predilección por las llamas. Al elevar a la humanidad, rebajamos todo lo demás... Pisoteamos una semilla que nos creyó su sol, su dios. Pero la semilla creció en silencio y odio, y donde cayó un solo pétalo púrpura, sus raíces se aferraron a la tierra.

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