ENSHROUDED BASE DE DATOS
| # | Entrada |
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| 1 | Día 27 del mediaño, 504 E. A. He sido farero toda mi vida. Nací y crecí en estas costas, y me siento orgulloso de ello. El mar me conoce mejor que mi propia madre. Con los años, las ondas del agua se grabaron en mi rostro, dibujando surcos de añoranza en mi piel. Mi cara y mi historia no son más que un mapa del gran y ancho azul. Pero hoy creí ver algo... nuevo. Era una tarde luminosa, clara como pocas. El agua estaba en calma bajo el sol poniente, pero yo sé que no hay que fiarse de ella. Nubes oscuras se formaban en el horizonte, presagio de tormenta..., y bajo ellas, por un instante, en la distancia, vi algo emerger desde las profundidades. Una sombra solitaria contra el fondo cambiante, alzándose como un periscopio, observando la costa. Observándonos. Luego se sumergió y desapareció del alcance de mis prismáticos. Podría haber sido un trozo de madera a la deriva. Sí, sería eso... |
| 2 | Día 15 del añalba, 506 E. A. Este mes, el mar se ha cobrado más naves que en toda mi vida. Me culpo, aunque sé que jamás he fallado a mi deber. Cada noche enciendo el fuego que guía a los nuestros hacia puerto seguro... Permanezco en vela, cuidando la hoguera, domando el humo hasta que solo queda una luz dorada como una caléndula en flor... Pero no basta, y el sueño me rehúye. Las pesadillas me arrancan del lecho, me obligan a enfundarme el camisón, a empuñar los prismáticos y subir tambaleándome a la plataforma bajo la lluvia. Creí que, si miraba lo bastante, lograría verlo. Saber qué provoca esto. Comprenderlo. Derrotarlo. Las nubes de tormenta se acercan, y esconden algo que no quieren que vea. |
| 3 | Día 39 del añocaso, 506 E. A. La tormenta por fin nos alcanzó, con olas que espumaban odio y golpeaban nuestras costas. De pie en la plataforma del faro, sentí cómo las ráfagas me arrancaban la barba y el abrigo. Aún debo de tener sal incrustada en la piel por el viento de aquella noche. La luz de mi lámpara de aceite titilaba, atrapada en una danza temerosa, retorciéndose y resistiéndose a apagarse..., una súplica repetida que nadie escuchaba, un acto empapado de futilidad, no muy distinto del mío. Encender el fuego. Avivar las llamas. Limpiar los prismáticos. Vigilar el horizonte. Volver a encender el fuego. Todo era inútil. La tormenta ahogaba toda luz. Me aferré impotente a la barandilla, mirando hacia la noche. Entonces lo vi. Colinas ondulantes, no de agua, sino de cuerpos incontables, que subían y bajaban al ritmo de la tempestad. Una ola para acabar con nosotros. Una ola para aplastarnos. Una ola para teñir el mar de rojo. Una ola de Drak. Solté los prismáticos y me calcé las botas. Si aquello era nuestra sentencia de muerte, no pensaba caer como farero. |