¡Qué suerte tiene el desgraciado! Todos saltamos de la plataforma de salida de Corazón de hierro: Ryan, Chester (el nuevo), Abraham y yo. Ryan no llegó lejos: cayó al suelo en picado como si fuera un saco de grano mojado. Imagínate. Abraham y yo llegamos bien, con la mirada puesta en el premio, aunque, cuando me di la vuelta para ver cómo estaba Chester, otra cosa llamó mi atención.
A Chester se le debió de romper el planeador. Estaba dando vueltas en el aire, de ráfaga en ráfaga, subiendo y bajando sin control. Pero hay que ver la suerte que tiene el condenado: lo atrapó un buitre de hielo en mitad del vuelo, que seguramente lo confundió con una presa, y se lo llevó a los confines de las montañas. En este concurso de planeo anual, la probabilidad de supervivencia ha sido del 50 %. Por lo menos es mejor que la del año pasado. - Kip Dipper |