Llamé al vacío a gritos y respondió Las fauces, muertas de hambre, decían mi nombre. Solitarias. Anhelantes, igual que yo. No tenía elección y lo sabían.
Quedé atrapada entre dientes afilados como hojas de afeitar que me partieron los costados. Me colé bajo su lengua, que daba vueltas. Me asfixia con su calor. Me sostiene por dentro. Somos iguales. Somos uno.
¿Por qué mi carne está hueca? Soy un pozo. Un pozo, vacío, famélico. Soy la nada, la ausencia, el vacío. Soy un poco, mucho, todo. Atraída al corazón de la espiral, alimentando el ciclo. Hoy, caldo de cultivo. Mañana, el augurio que volvió a ser desentrañado. Soy el mismísimo abismo, que ha vuelto a despertar. |