Vino por la noche ¡El Velo pasó por nuestra guarida como la ola de una marea, espumosa y estruendosa! Dimos la alarma, intentamos salvar el cargamento..., pero, entre el caos, ¡Reynaud se quedó paralizado con la mirada fija! Dismas se acercó a él, lo sacudió, intentó sacarlo de su trance..., pero los arrastró a ambos.
¡Eryn pasó corriendo y se lanzó al mar para coger uno de los cofres de baratijas! Me di la vuelta, gritando su nombre mientras volvía a toda prisa, pero estaba decidida. Con la voz quebrada, volví a llamarla, hacia la nada, hacia el vacío... sin respuesta.
Corrí y corrí hasta que me flaquearon las piernas. |