Actualizado para Enshrouded 1.0.
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Notas de la anciana Claravinta, entrada 1
El consejo está dividido, sí, pero eso carece de importancia. Debemos ascender. No nos queda otra.

Todo indica que el miembro más joven del consejo pretende marcharse.
Alejarse voluntariamente tanto del consejo como del abrazo de la Llama Madre es una ignominia, o algo aún peor: una estupidez monumental.

Cuando Ezramin se haya ido, contaremos los votos de nuevo y el desenlace será cristalino. Entonces redirigiremos nuestra energía hacia la Llama Madre para alimentar el ascenso, aunque nadie puede decir si será suficiente.
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Notas de la anciana Claravinta, entrada 2
Nos hemos estancado.
Es una experiencia nueva, lo admito, aunque tiene un regusto amargo.

No tenemos energía suficiente para sostener nuestro ascenso.

De modo que seguimos atrapados en este punto intermedio; suspendidos sobre la roña y la tierra, tratando de alcanzar los frutos de las estrellas con las manos atadas.

Estamos rotos. Y así seguiremos.
En cuerpo y alma.

Si apenas somos una mitad, entonces no bastamos.

Quizá nunca bastemos.
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Notas de la anciana Claravinta, entrada 3
Nos hemos quedado sin combustible, y el Velo ya ha llegado a nuestra morada.
No teníamos adónde huir. No teníamos dónde escondernos. Éramos una cosecha madura, lista para la recolección.

Por primera vez en siglos, un Antiguo ha muerto por la espada, separado de la luz de la Llama Madre mientras intentaba desesperadamente contener a los gusanos, los zarcillos y la podredumbre.

Un esfuerzo condenado al fracaso, naturalmente.

No estamos destinados a morir siendo las murallas del reino. Debemos morir como combustible, para comprar tiempo, para escapar y para preservar lo que realmente importa.
Seremos la energía necesaria hasta que nuestros cuerpos sean forjados de nuevo y nuestras almas vuelvan a nacer, si es que llega ese día.
No existe otra alternativa.

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