Frank, no volveré a recoger bayas sombrías Lo siento, pero tengo demasiado miedo para volver al campo. No es la oscuridad ni el murmullo del arroyo; es el pescador.
Ayer lo vi deslizarse corriente abajo. Su barba encanecida, los pantalones raídos y el avance lento pero firme de su embarcación le daban un aire inofensivo. Al verme en la orilla, detuvo su bote para entablar conversación. Llevaba unos guantes desgastados, teñidos de azul cerúleo por recolectar bayas sombrías en nuestro lugar de siempre. Le pregunté si no le daba miedo caer en el lodazal que bordea el campo. Al fin y al cabo, la noche es oscura y el terreno traicionero. Dijo: "¡No, los dioses de las profundidades me han concedido su fortuna! ¡Se alzarán vestidos de luz para bailar con los mortales un último vals!", mientras sus manos azules temblaban con violencia. Yo asentí por cortesía.
Mientras el río se lo llevaba, juré no volver a poner un pie en el campo de bayas sombrías nunca más. Si brotaran durante el día , no me importaría, ¡pero encontrarme con un desconocido envuelto en luz de luna y locura es otra historia! Espero que lo entiendas. |