Leyenda de la lluvia estelar Hace eones, nuestro reino estaba yermo. Eternos páramos se extendían en todas direcciones, y los cielos estaban cubiertos de un espeso alquitrán negro.
Entonces, el firmamento se abrió, dejando paso a un mar resplandeciente. Un torrente de estrellas fugaces brotó, dejando estelas de color y viento mientras pintaban el horizonte. Al impactar contra el suelo, lo empujaron hasta arrancarlo. Pronto, nuestras tierras salvajes se llenaron de montañas, valles y agua, pero no todas las estrellas daban vida: algunas pretendían quitarla.
Dos espadas cayeron del cielo (una inferior y otra superior), tras lo que se estrellaron en nuestras cimas de alabastro. Una yacía bajo la nieve fresca y las flores de genciana, y otra fue engullida por las fauces de una cueva, que miraban al cielo.
¿Eran malos presagios? ¿Reliquias de un duelo en la inmensidad infinita? ¿Un regalo de los Antiguos? Puede que jamás lo sepamos. |