ENSHROUDED BASE DE DATOS
| # | Entrada |
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| 1 | Puentes y vínculos rotos La luz de los Antiguos no trajo ceguera, sino revelación. El blanco nos envolvió, y sus rayos caleidoscópicos cayeron sobre mí, arrastrándome a un sueño profundo. Y en ese sueño tuve una visión. Me encontraba en las tierras de mi hermano, cuando la corrupción aún no existía. Praderas verdes se extendían en el seno de un valle, besadas por el aliento del mar. Desde el océano, una voz me llamaba. Era una señal. Debíamos colocar urnas de cenizas más allá de nuestras orillas, costara lo que costase. Al compartir mi visión con los Antiguos, comprendí que las palabras no eran necesarias: ellos ya sabían adónde debíamos ir. Y fuimos, con tenues hilos de luz danzando aún entre las estrellas. Este puente ofrece la ruta más rápida hacia la Cuenca de Aguas del Velo, pero está en ruinas. Mis compañeros de viaje creen posible caminar hacia el este y bordear el espesor del matorral hasta alcanzar el mar. Solo de pensarlo, me estremezco. A estas alturas, mi hermano, lord Vorgoth, ya habrá partido hacia las Islas Alzadas... el hogar de los Antiguos. Y, aun así, temo encontrarlo. Tras un matorral de ramas, en la sombra retorcida de una hoja de monstera, en el reflejo de mis propios rasgos al sumergirme en un lago, en mis sueños más profundos... Él y yo compartimos la misma sangre. A veces temo que estemos más cerca de lo que quisiera. Rezo para que mi sueño no se torne pesadilla. - Reina Jezmina de Orindell |
| 2 | Parada para abastecerse Por mucho que me duela, debemos detener nuestro viaje un tiempo. Los suministros escasean, aunque a veces parece que soy la única que come. Al menos los horrores de este nuevo mundo no han domado mi apetito... Aunque admito que el pan duro y las frutas amargas que llenan mi estómago apenas me sacian. Ah, cómo anhelo una yuca asada con especias... Que la miel me corra por los labios y los dedos, y el aroma (aún más dulce) de una compañía encantadora... Es difícil despejar la mente cuando el corazón duele. Una vez recuperemos fuerzas, dejaremos el amparo de esta estructura de los Antiguos. No puedo imaginar qué sorpresas aguardan en el dominio de lord Vorgoth. ¿Sigues ahí, hermano? ¿Aún ronda tu espectro por estas tierras salvajes? Mientras me detengo al borde del mañana, regresan recuerdos que creía enterrados. Un dolor punzante me desgarra la mejilla. Siento el impacto de tu mano armada, como si nunca me hubiera abandonado. Recuerdo la caída que siguió, los fríos suelos de alabastro, la sangre resbalando por la nariz y los labios. Dondequiera que vas, dejas huellas... en los ríos, en los vientos, en las personas. Mi deseo más profundo es que las mías también importen. - Reina Jezmina de Orindell |
| 3 | Una emboscada repentina Avanzamos entre el barro, los tallos y el humedal hasta llegar a un claro. Más allá, el alquitrán se volvía agua, y los juncos daban paso al bambú y a las palmeras. Me agaché para lavarme las manos en un estanque bordeado de lirios de día naranjas, que se extendían hacia las enredaderas y los tocones cubiertos de musgo. Su color y su aroma me recordaron a mi amor. Tal vez ese momento de descuido selló mi destino. Una familia de ranas saltó desde la maleza, cada una más asustada que la anterior. Levanté la vista y mi mirada se encontró con la punta de una lanza que emergía de entre la sombra del matorral; su reflejo en el agua roto por el vaivén de las ondas. Los rumores eran ciertos. Los Drak habían regresado..., y en aquel instante, me enfrentaba a su hambre de sangre. Contuve la respiración. El Drak que portaba la lanza dejó vagar su mirada. Cuando sus ojos hallaron a los Antiguos que nos acompañaban, se irguió, gritó y soltó el arma, que cayó al estanque con un chapoteo. Su cuerpo se encogió en una postura de oración, hundiendo las rodillas en el agua frente a mí. Retrocedí, tropezando mientras aferraba una piedra afilada como arma improvisada..., aunque sin necesidad, pues aquellas bestias veneran a mis compañeros de viaje como mensajeros de sus dioses y guardianes de Ark Morgo, su tierra de los muertos. Ignoro cómo nació ese malentendido fatal, pero hoy me salvó de cruzar a Ark Morgo en carne y alma. De haber estado sola, no habría corrido la misma suerte. - Reina Jezmina de Orindell |
| 4 | Hacia el mar Con los Drak'Dal presentes, no creo correcto colocar más urnas de cenizas. Puede que sus habitantes no encuentren salvación, sino encierro dentro de un capullo metálico. Demasiado fácil de abrir, demasiado frágil ante las bestias..., y cuando lleguen, ni su coraza ancestral los protegerá. Por ello, hemos vuelto la mirada hacia el horizonte, como estaba previsto. Espero encontrar un barco en la Bahía de Aguas Tranquilas; tal vez así descubramos hasta dónde se ha extendido la podredumbre y podamos trazar su avance en el mapa. A veces me pregunto si hago bien en no volver atrás, en no cabalgar hacia las islas flotantes donde moran los Antiguos primigenios, en no defenderlos pese a su rigidez, en no obligar a mi hermano a arrodillarse antes de que atraviese sus puertas. Pero ¿con qué ejército? ¿Con qué fuerza? Debemos vivir. Por el futuro y por todos los que dependen de nosotros. De mí. Por ti, Emily. Cuando regrese, te entrelazaré lirios de día en el cabello y te cantaré con mi lira hasta que la voz se me apague. Algún día. Lo prometo. - Reina Jezmina de Orindell |