ENSHROUDED BASE DE DATOS
| # | Entrada |
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| 1 | La sensual doncella drakiana, capítulo 2: La dama del río Besalia: ¡Te lo ruego, Sir Lanzardor, aparta tus ojos! ¡Yaces frente a mí mientras mi forma desnuda se entrega al abrazo de la luna, y tu mirada me llena de vergüenza! Sir Lanzardor: ¡No de vergüenza, sino de deseo estás colmada, mi pequeña Besalia! ¡Tus mejillas, encendidas cual fresas, te delatan! Besalia: ¡No des un paso más! Mis aguas son hondas y cálidas; podrían tragarte y retenerte prisionero hasta el dorado resplandor del alba. Sir Lanzardor: ¡Entonces, que así sea! ¡Arrástrame bajo tus olas, pues mi corazón no anhela nada más que quedar sumergido en ti, mirando hacia la luna creciente y el suave seno que ilumina! Besalia: ¡Oh, Sir Lanzardor, unirte a mí en esta danza salvaje del río exige un espíritu verdaderamente libre! ¿Mas has de tantearme así bajo las aguas con tal ímpetu? Sir Lanzardor: ¡Mi dulce Besalia! Lo que sientes ahí abajo es la punta de mi lanza: la llevo para protegernos, aun cuando nos ahoguemos en el deleite. ¡Jamás parto sin protección! Besalia: ¡Qué considerado! ¡Siempre conviene llevar tales armas! |
| 2 | La sensual doncella drakiana, capítulo 3: Bajo la tela Sir Lanzardor: ¡Mi adorada Besalia, este disfraz te servirá! El atuendo humano oculta tus escamas esmeralda; con él, todos te verán cual humilde lechera. ¡Solo yo conoceré la verdad de tu corazón puro y tus curvas exóticas! Besalia: Deseas dejar el amparo del dosel y vivir libres de odio y de prejuicio... ¡mas esta tela está tejida con mentiras! Nadie me aceptará mientras oculte mis más hondos deseos. Sir Lanzardor: ¡No deseches tu disfraz, Besalia! ¡Hemos vagado demasiado lejos del matorral! Dime, ¿cómo sufrirás si la mirada de un extraño se posa sobre tu flor? Besalia: ¡Entonces, que admire su divinidad! ¡Estas telas son cadenas que he de romper para librarme de la vergüenza! Mira mis garras recorrer mi tembloroso pecho, sin pudor. ¿Cómo habría de ocultar un corazón que late tan ferozmente, mi amado? Cada latido me empuja hacia ti, hacia tu abrazo. Ven, apaga mi anhelo como hiciste junto al río de plata. Sir Lanzardor: ¡Oh, tu jardín ha florecido, amada mía! ¡El fuego me consume! ¡He de humedecer mis labios con tu néctar para calmar la sed! Besalia: ¡Planta tu semilla, mi amado! ¡Tienes mi consentimiento explícito y verbal! Sir Lanzardor: ... Y jamás posaría mi mano sobre ti si la ambigüedad nublara nuestro lazo, pues te tengo en muy alta estima. |